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MIEDO A QUE NO SALGA MÁS
Te aísla y te separa. Los amigos de tu hijo ya no vienen a merendar, ni se quedan a dormir los fines de semana. Vuelves a ser fea y a parecer abandonada. Empiezas a creer, una vez más, que nada va a cambiar. Sientes miedo cada vez que alguien llama al timbre o suena el teléfono. Comes una y otra vez lo mismo. Por otro lado, hay muchas botellas vacías que reciclar. Te alegras de ver a los amigos que fuman, para pedirles. Los días se vuelven largos y las noches eternas. Dejas de leer y empiezas a consumir basurilla televisiva. Odias a los vecinos y a todo el mundo, pero sobre todo te odias a ti misma. Revisas tu pasado, vuelves a culpar a tus padres. Te parece grosero que la gente hable de moda, viajes o sexo. Igualmente te molestan las conversaciones sobre el paro y la situación económica. En realidad no quieres oír hablar de nada. Se cierran las puertas y la boca del estómago. A veces sale un poco el sol y corres a celebrarlo, porque sabes que se trata de una felicidad muy breve.

Uróboros

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- Tú, que te creías Sansón con mechón de terciopelo. Que odiabas los graznidos de cuervos moribundos sobrevolando rostros de otro tiempo. Tú, que mostrabas tu orgullo por blasón, heráldica indolencia, creyéndote Sol aún siendo nube pasajera. Ahora te encuentras en la cruz de la moneda. Ya no te sorprende el olor de los charcos que hasta hace poco pisabas. Tus pies, desnudos por el barro, dejan la huella de la desdicha de tu mirada y sientes el frío que deja tras de sí la indiferencia profesada por campesinos, vasallos de la fe de tu espada. Los ajados surcos en tus manos así lo expresan, lástima que el penacho de tu casco te impida verlos. La vergüenza no sabe tan bien cuando se pasa…

- Hablas con la certeza del que ha visto caer imperios. Aconséjame, pues la hiedra naciente del camino enreda mis piernas, creo que no podré avanzar por mucho tiempo.

- Quizá si abandonas tu yelmo pesado, desgastado por el roce de prejuicios y de piedras, puedas levantarte y con el filo pulcro de una daga desgarrar tu destino.

Nueva vida

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El viento incesante agitaba su melena castaña, mientras el embriagador sonido del mar le mecía los oídos. Sentada en la playa, sentía cómo cada delicado grano de arena se escurría entre sus dedos, cual suspiro de tiempo imposible de retener. Aquel era, sin duda, su lugar favorito; el refugio en el que se sentía en paz, donde podía meditar y hallar las respuestas a todos los interrogantes que parecían no tener solución.

Nunca antes había necesitado tanto el aroma salado de su pequeño paraíso. Se sentía inquieta y, a la vez, tremendamente feliz. Durante mucho tiempo había fantaseado con es momento, pero nunca habría podido imaginar el torbellino de emociones que sería capaz de conjugar en su interior.

Se preguntaba cómo sería todo a partir de entonces, si sería capaz de afrontar un cambio tan grande en su vida. El miedo y la tristeza invadían cada rincón de su ser al sopesar la posibilidad de que algo no saliera bien. El temor a equivocarse, a no ser capaz de dar la talla, le hacía plantearse si realmente estaría preparada. Pero con sólo imaginar cómo sería el color de su pelo, sus ojos, las pequeñas manos que la agarrarían cuando diera los primeros pasos torpes, y el sonido de su vocecita llamándola, todos los miedos y las dudas se volatilizaban. Y sólo quedaba la enorme sonrisa con la que, lentamente, abandonó la playa.

Conversación

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¡Hey!

¡Eh, hola!

¡Hola, cuánto tiempo!

Pues sí. ¿Cómo te va?

Bueno, así asá. ¿Y tú?

Igual, como todos.

Ya. ¡Ja, ja!

¡Ja!

¿Tienes algo que hacer? Podíamos tomar un café.

La verdad que no. Venga, vamos y nos ponemos al día.

¿Aquí mismo?

Sí. Yo uno con leche.

Yo otro. Bueno, cuenta.

No, si ya te conté. Buscando… ¿tú?

Igual, ya te digo.

¡Qué mal está todo!

Pues sí. ¿Y aparte?

¿Aparte?

Sí, ¿qué haces mientras?

Bueno, antes preparaba oposiciones, pero ya ni sacan plazas.

Ya; yo ahora he vuelto a escribir.

¡Es verdad, tú escribías! ¿Sigues con los poemas?

A veces, si se me ocurre alguno; pero no mucho. Intento publicar, y eso no lo quiere leer nadie.

Ya, ¿te imaginas? “¿qué es poesía? Poesía eres tú.” ¡Ja, ja ja!

¡No hombre, no! ¡Ja, ja! ¡Que no! La poesía ha avanzado un poco desde Bécquer.

¿Desde quién?

Da igual. El caso es que yo tenía otra cosa entre manos. Se me ha ocurrido coger un género clásico y darle un enfoque más actual. ¿Has oido hablar de la novela epistolar?

¿Epistolar? ¿De… pistolas, vaqueros y tal?

¡Hala, el otro! La novela epistolar era una novela escrita como si fuera una carta.

Pero si ya nadie escribe cartas…

¡Por eso! Como lo más parecido que hay hoy es por internet, lo estoy haciendo en plan conversación de chat.

Ah, pues no suena mal… ¡oye, qué tarde es!

Anda, pues sí.

Venga, invito yo. ¡A ver si quedamos un día!

¡Cuando quieras! ¡Venga, hasta otra!

¡Hasta otra!

El escarmiento

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Estoy atado, me han amordazado, y vendado los ojos. No entiendo nada. Lo último que recuerdo es irme a la cama como cada día.
- ¿Qué, madero, ya estás despierto?
Sí, soy policía. Por eso debo estar aquí. ¿Pero quién me está haciendo esto? No me suena esa voz.
- ¿Tienes miedo? Deberías: te espera un buen escarmiento…
Oigo un susurro metálico, me viene a la mente la imagen de un cuchillo. Empiezo a asustarme: forcejeo, resuello, hiperventilo. ¿Quién me está haciendo esto?
- Ya no eres tan gallito sin la porra y la pipa, ¿eh?
¿Pero por qué? ¿Qué he hecho? ¿Es el perista al que chantajeo? ¿Es por aquel detenido al que bajé al calabozo a patadas? ¿El mendigo al que abrí la cabeza por insultarme? ¿Qué? Vale, puede que no sea lo mejor del cuerpo, lo admito. He tenido muchas quejas, y nadie quiere ser mi compañero. El comisario me mantiene en mi puesto por la cuenta que le trae, y porque nadie más tiene narices para hacer lo que yo hago. Si no fuera por mí, la ciudad se iría al garete.
De pronto abro los ojos y estoy en mi cama, empapado de sudor. Me levanto y voy al baño a mojarme la cara. Mientras me enjuago me miro en el espejo y me veo una mancha roja bajo el cuello. Me quito la camiseta y veo unas letras rojas mayúsculas escritas en mi pecho que dicen: ESTÁS ADVERTIDO.

Flechazo errático y Carta de amor

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Me miras. Esperas. Miras otra vez. Me tiembla el estómago y las piernas, levemente, aunque yo siento un volcán. Me tocas el cuello con tu mano. Me duele el vientre. Suspiro.

Y después de esos besos, que toda la vida eché de menos como si no pudieran llegar a mi. Sin hablarnos ni conocernos. Solo olfatearnos.

Saliste a cazarme con una flecha y te arrimaste a mí en tu territorio, tus manos en mi cuello y, de pronto,

…desapareces.

Silencio.

Como si jamás hubiera sucedido. Como si no hubiera sentido lo que el fuego, cuando le tocan.

Me gustaría salir a buscarte a las calles. Tu timidez es tu silencio. Soy gata vieja, y brava. Pero tengo que proteger los alrededores de mi cordón umbilical.

Carta de amor

Queridísimo amigo:

¿Será ya una historia de ficción que nos hemos inventado, o llevamos más de veinte años… amándonos? ¿Es así,…verdad?

Ven a mi, entonces. Contéstame si así es, con un largo beso. De los de amor.

Hazme, lo que la primavera le hace al cerezo. No demoremos un minuto más.

RENCOR

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Espatarrada, exhausta. Abierta, expuesta. El pubis rasurado. Un cacho de carne mancillado e indefenso. Perdido todo el poder.
De pronto su voz. Exhultante. Insultante.
Lo lleva en sus brazos y trata de apoyarlo en tu pecho. Siente su corazon, te dice.
Nunca antes nadie habia odiado tanto.

LA INMIGRANTE

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VINO LLENA DE ESPERANZA AUNQUE LA CRISIS YA HABÍA EXPLOTADO. CON GANAS DE TRABAJAR, RECUPERAR EL PATRIMONIO QUE TENÍA EN SU PAÍS. VENDIÓ TODO Y CON EL DINERO INVIRTIÓ EN EL VIAJE A ESPAÑA. AGENTE INMOBILIARIA AFECTADA POR LA CRISIS MUNDIAL, ESTABA HARTA DE TODO.
NADA MÁS LLEGAR CONOCIÓ UN HOMBRE QUE CAMBIÓ SU HISTORIA. UN CARÁCTER ESPECIAL, DIVERTIDO, CARIÑOSO. ÉL LE PRESENTÓ A ELLA LA CULTURA ESPAÑOLA, LE LLENÓ LA VIDA, OCUPÓ TODOS LOS ESPACIOS VACÍOS DE SU CORAZÓN. TRÁS SU PRIMER AÑO EN ESPAÑA TENÍA MENOS DEL DINERO QUE TRAJO PUES NO PUDO TRABAJAR PERO SE VEÍA LLENA DE VALORES Y RIQUEZAS INTANGIBLES. ESTABA FELIZ.
DESAFORTUNADAMENTE LA MISMA VIDA QUE LE REGALÓ SE LA QUITÓ JUAN DE UNA ENFERMEDAD EN TREINTA DIAS, DE LA NOCHE A LA MAÑANA, CUANDO VIVIAN UN MOMENTO DE ILUSIÓN. ELLA SIGUIÓ EN ESPAÑA, EN DUELO, EN SOLEDAD. SU CORAZÓN AHORA TAMBIÉN ES ESPAÑOL.
LA GENTE NO CONSIGUE ENTENDER COMO UNA MUJER NACIDA EN EL GIGANTE SUDAMERICANO, LA GRAN POTENCIA, ELIGE VIVIR EN LA ESPAÑA DE LA CRISIS BRUTAL. COMO PUEDE ESTAR MÁS A GUSTO AQUÍ. ELLA INTENTA EXPLICAR QUE AUNQUE SOCIALMENTE LAS COSAS HAYAN CAMBIADO TODAVÍA SE PUEDE VIVIR MEJOR AQUÍ. BRASIL ESTÁ ECONOMICAMENTE BIEN PERO SOCIALMENTE ES MUY DISTINTO. HAGAM CASO DE LO QUE DICE ESTA MUJER PUES LOS BRASILEÑOS TIENEN EXPERIENCIAS CON CRISIS. LO QUE DICE ES QUE HAY QUE LUCHAR PARA QUE LA CRISIS PSICOLÓGICA NO SE ESTABLEZCA PORQUE LA VIDA ES ASÍ, UNA LUCHA CONSTANTE.

El arcoíris que busco

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Puedo esperar, le digo con la absoluta paciencia del que no tiene ningún negocio o amorío aguardando su presencia. Al poco me atiende, parcas palabras detrás de su abigotada sonrisa para decirme que tiene una habitación libre a cuarenta Dólares. Le suelto el billete y su labio inferior se vuelve convexo para acompañar un certero gesto de aceptación.
Pasa la noche, acunándome bajo la percusión del viejo aire acondicionado de un motel de carretera, acompañado de viejos recuerdos que pasan por mi mente como reflejos en cristales rotos.
Madrugo al día siguiente, para abrazar el volarte del Sebring con el que vuelo cada día en busca del lugar donde nace el arcoíris. Allí donde inexorablemente, me conduce la calma de los años transcurridos desde tu falta. Allí donde el tiempo, detiene la lluvia sobre el dorado brillar de tu mirada, inmensa.

El rescate de Narciso Fandiño

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A Narciso Fandiño nunca le había gustado cambiarle el pañal al niño. Lo hacía porque no le quedaba otra. Laura, su mujer, era quien trabajaba, y él, ahora, tenía todo el tiempo del mundo.
Al principio las nauseas eran frecuentes, incluso antes de ponerse manos a la obra. Tan solo con imaginar lo que se podía encontrar las tripas se le revolvían. Una vez puestos en faena el primer atisbo siempre venía por la nariz, no lo soportaba.
La segunda parte de la percepción del asunto era visual, cambiante cromáticamente pero menos desagradable. Siempre fue el olor lo que verdaderamente le disgustó, antes y durante el proceso. Al finalizar no había problema, unas buenas gotas de colonia y todo había terminado.
Fueron los telediarios, la prensa, la radio y las páginas webs de noticias las que obraron el cambio.
De un tiempo a esta parte la situación del país, la de todo un continente o quizás del planeta, se había trasformado, paulatinamente y sin remedio. Términos como paro, recesión, despidos, austeridad, rescate, salarios, burbuja, prima de riesgo y muchos otros flotaban en el aire viciado que rodeaba a Narciso Fandiño.
Fue entonces cuando llegó el cambio, poco a poco, sutilmente.
Un día cualquiera se dio cuenta de que su momento de paz, de felicidad calmada, llegaba cuando le mudaba el pañal al pequeñín. Ese momento que tanto le había disgustado se tornaba ahora en espacio de vida, calma intensa, reencuentro con lo verdadero y en su felicidad más absoluta.


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